Wednesday, October 09, 2013

Los siguientes poemas fueron publicados Revista Literaria Baquiana

http://www.baquiana.com/Numero_LXXXV_LXXXVI/S_Po%C3%A9tica_V.htm#Sergio_Ortíz

LLEGAR CON LUZ

hilando fino y sin planear,
soltando amarras,
que los ardores de este cuerpo
me devoren,
allá yo,
allá voy,
allá…
Empezando a darme cuenta
que no siento nada
al escuchar tu nombre
pasearse como un reptil
sin cola
por mi diáfana mañana.
Eres despojo
de infancias, el intermedio
arbitrario de un pasado
cauterizado con la luz
del vientre
de mi madre.


SAL

Caes más allá de tu savia
como un pálido recuerdo
trocado en blasfemia
de lágrimas.
Y en ti mi corazón
es un círculo de fuego
que se torna en sal oscura
sobre tus playas.
Y soy naufrago de sombras,
sueños confusos que guardan
el recuerdo silencioso del agua.


AMANECIDA

Qué escuchas
me pregunto.
Has colmado de raíces
mis espacios,
urdiendo, exhalando
la melodía de mi hambre,
urdiendo, exhalando
la sed de mi piel.
Yo busco mi propia
habitación en este hotel
en ruinas.  Qué escuchas…
Sino la lluvia.


MI SOLEDAD

Calma mi soledad
con el placentero anonimato
de la muerte.

Alarga la vía de regreso
hacia el mar infinito
de mi infancia.

Camina despacio sobre el incendio
de un amanecer que detiene
todos los sonidos.

Oculta la palabra y sus sentidos
bajo el anzuelo desnudo
de tu mirada.

Ignora el temor del bañista
en el turbio eco de un océano
guiado por intuiciones de colores ahorcados.

Separa la noche con tu rostro de hambre
de la estéril lágrima
abandonada al descuido. 

Ay, mi soledad, tertulia insatisfecha,
acertijo de bastos para la ausencia
del lenguaje figurado.


HACIA ADENTRO

Llegaste a mi vida                                            
removiéndome el polvo
de los años,
inundando el corazón
de muelles.

Ahora el mutismo
es la fórmula de tu arrogante
orgullo, y tus surcos
enredan mis pasos.

*

Yo caminaba
a ciegas
sobre mi propia senda
ceñido en el misterio
de no ser hembra.

*

Mi isla abrió de nuevo
sus heridas
para hacerme ausencia
en tus palmeras.

¿Dónde está la muerte?
¿En qué agujero acompaña
al juego de luces de una vela?
No quiero este tiempo repetido,
ni el tímido silencio de una dalia.


CREPÚSCULO

Soy resplandor
de madrugadas fijas,
eco sin tiempo
que vuela al infinito.

Eres el seductor de mi reposo
que escala el acantilado
de mi geografía
donde todo se convierte
en fuego.

Raro que no nos sigan
vertientes de ríos negros.

(Será que el espejo se deshoja
como una emoción refinada
en tus manos…)

¡No hables! ¡Tu silencio
lo quiero salvaje!

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