La muerte
La muerte Te fuiste separando de mÃ, dejando mis heridas hambrientas de sol. Rododendros sobre el sepulcro de mi niñez color piel se adueñaban del mármol entre las criptas del olvido y una criatura iba rumbo al placer y al dolor del verano. Sus manos, fruncidas por la luz que salÃa de la caja de Pandora, abrÃan el portón de hierro donde un triangulo de música cauterizaba sus ojos. Allà deje su canto recorrer mi sombra como un duelo distante, una fuga de patos salvajes.