Friday, July 16, 2010

Walgreens




Ayer fui a la farmacia de este Walgreens.  Llegue a las 2:30 pm y a las 3:30 me levante para ponerme en fila y preguntar si ya estaba mi receta.  La muchachita que está a cargo de atender a los clientes en la ventanilla de entrega de medicamentos inmediatamente se dio cuenta de que yo le iba a reclamar la tardanza en despachar mi receta.  Puso una cara muy común entre las tribus Africanas que tienen guardianes que vigilan la conducta de los niños durante alguna celebración tribal, por lo general escogen a la mujer, más fea de la tribu, tan fea que asusta, el saber instar el temor en este tipo de situación es muy importante dentro de la tribu.  Cuando me toco mi turno, me ignoro y se puso a hablarle a un matrimonio que ni siquiera le iba a preguntar nada, no se habían puesto en fila, parecían estar de luna de miel, muy envueltos en darse besitos y cosas así.  Cuando le reclame me alzo la voz para decirme que ellos habían estado esperando más que yo.  ¿Pero, a mí que me importaban ellos, si no estaban en fila?   El que estaba en fila esperando que ella me atendiera era yo, no ninguna de las dos personas a las cuales ella se atrevió a atender antes que a mí, como quien dice: te voy a dar una lección.  Solo que yo tengo 60 años de edad y la ley me concede ciertos beneficios, además tengo una incapacidad, esto también me concede unos beneficios estipulados por ley.  La muchachita quería ponerse al tú a tú conmigo, tal parece que nunca ha escuchado el refrán: mas sabe el diablo por viejo que por diablo. 
Termine pidiendo a su supervisora.  Vino una joven muy amable y educada.  Trato de evitar que esta niña siguiera poniéndose al tú por tú conmigo.  Pero la niña no quería dar su brazo a torcer y ni siquiera siguió las instrucciones de abandonar el lugar y dejar la confrontación conmigo.  En ese momento yo de le digo a la supervisora: mira, la soberbia de esta muchachita es tanta que ni siquiera te hace caso a ti que eres su supervisora.  Ahí yo alcé mi voz varios decimales más altos y ambas estaban muy nerviosas.  Finalmente la muchachita se fue y me dejo con la supervisora.  Le pedí el nombre de todas las personas que me habían atendido, cosa que nunca me dio.  Luego me siento, a los tres minutos me llama otro joven que me va a atender y me dice que los medicamentos no los aprobaron y que los tendría que pagar.  O, pensé, la venganza burocrática del que se cree que tiene el poder, clásico.  Ahora o se va o paga.  Y eso fue bajo las instrucciones de la supervisora que tenía una cara de yo no fui bastante creíble.  Pero los únicos pendejos que yo tengo, los tengo en el culo y no en la mente.   Muy para su desgracia.  Así que decidí buscar mi cámara y comprar un bolígrafo y un cuaderno.  Le dije que yo no iba a pagar nada y que iba a mi casa por mi cámara y que regresaría.  Y eso hice.  De pronto el cuento chino de que mi tarjeta del plan no estaba activada cambio y entonces era solo un medicamente que no paso es escrutinio de mi plan médico.  Pero que si llamaba a mi plan y hablaba con ellos y ellos decidían aprobar el medicamento y podía pasar por Walgreens y reclamar lo que me costó el medicamento. 
(H)ay que joderse en este país.  Las personas en profesiones de servicio no entienden que el merito de su trabajo estriba en ofrecer un servicio, un servicio que casi nunca es gratis.  El cliente paga por ese servicio, y en la industria farmacéutica  en Puerto Rico los clientes pagamos hasta por el culo por esos servicio y cada día nos encontramos más y más cabronas que se creen que nos pueden venir a ofender así porque si.  Flejes, pastizaleras que toda la vida se han acostumbrado a maltratar a las personas mayores o con impedimentos, que solamente fueron a un instituto y aprendieron una profesión que las alejo un poco de la posibilidad de estar prostituyéndose.  Estas muchachitas no se dan cuenta que la educación que realmente necesitan no la obtuvieron nunca, esa es la educación que brinda una madre que se preocupa por el bienestar de sus hijos.  La primera y más importante educación, la del hogar.  Y es por eso que las vemos en todos los lugares, hasta en el capitolio, luciendo su ignorancia en el trasero, dejándose balear en los carros de sus novios narcos, y pagando con cash en los especiales navideños de Plaza las Américas cuando en este país hay una recesión increíble.  A estas personas a donde se tienen que llevar es a la zafra del café y aprovechar su estadía allí para darle clases de buenos modales, como se hace en Cuba.  ¡Trabajo forzoso! 

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